
En la historia tradicional de la viticultura del Priorat faltaban elementos innovadores que consiguieran arrancar de la pizarra blanda, seccionada en escamas, su máxima calidad de producción de uva.
El emparrado consigue este objetivo: airear los cultivos y que sean acariciados por el sol de una manera uniforme. Se nota tiempo más tarde, pero se nota. El esfuerzo realizado produce un incremento de atributos en el cultivo que compensa con creces el encaramar la planta.
La casta ya comenzó en su día con la selección de los pies y del clon adecuado a la variedad y al terreno, donde las raíces tienen que alcanzar las vetas hidráulicas, con frecuencia de varios metros. Sin discutir la calidad, en 1985 se hicieron pruebas suficientes para encontrar la base idónea donde construir una planta exquisita.
Revisado continuamente, el equilibrio de la planta es notorio y a principios del verano las hileras de las vides dibujan un cuidado esmerado, premonición de una excelente cosecha. |