La luminosidad y la discreción de Escaladei fueron los factores más importantes para la decisión del rey Alfonso el Trovador, el año 1194, de ceder las tierras a la orden de los cartujanos para repoblar las conquistadas a los musulmanes. El fundador de la orden, San Bruno, la construyó sobre la vida solitaria, el silencio y un concepto de comunidad eremítica. Con estos antecedentes, aunque ya existía en tiempos anteriores, los cartujanos provenientes de la Provenza conrean los viñedos con el Montsant pétreo de fondo.
Construyen edificaciones en el dominio territorial que culminan con el monasterio de la Cartuja de Escaladei. Otros, como la conrería y los orígenes de la actual Masia Duch, en las cercanias del monasterio, sirven para alojar monjes legos y trabajadores dependientes del prior, ocupados en trabajos agrarios.
Son estas personas las que extienden, con su saber monástico y la aportación de las condiciones climáticas y orográficas, especialmente la tierra “llicorella”, un cultivo decisivo que será identificador hasta nuestros días, de la comarca del Priorat: la viña.
Lentamente se fueron poblando las nuevas tierras con el apoyo de la señoría del cenobio, y en el siglo XIII la producción de vino estaba propagada y el esplendor de los vinos asegurado. En el siglo XIV se consolida la garnacha como variedad perfectamente aclimatada, y con el aumento de los conocimientos enológicos, sábiamente combinados con las características de la peculiar “llicorella”, se consiguen cosechas de generosa calidad.
Los prioratos de Masia Duch son los herederos de aquella vocación, tanto por ser la misma tierra como por la creencia de producción basada en una ideología honesta y de respeto con el Priorat. |
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